sábado, 21 de noviembre de 2009

Niebla

Había bajado la niebla, se hizo tan densa de repente que había dificultad para ver, aun así era una delicia sentir como la humedad poco a poco mojaba su cara y erizaba el cabello a modo de ondas. Al caminar amortigua la templanza de sus pasos, al contemplarla desde la lejanía su esencia te seduce, su diáfana presencia resurge con el suave soplo del viento. Parece un corazón que perdió su rumbo, el espíritu de un desengaño que retorna a su lugar de origen. Dueña de sus risas, de mirada fija y alegría infinita, señora de un firmamento que se mantiene de esplendidos amaneceres que distraen al ocaso. Emergieron sus pasos y se sintió su llegada, sentada y discreta desde un punto indefinido, abstraída y feliz con un alma tonta y loca, sonríe de forma fluida y deja los sueños en los recodos distantes. De vez en cuando, si ve que mengua su energía, se hace una oferta para pensar en serio, poniendo bajo criterio de examen su riguroso juicio. Vive exenta de presión, goza lo que quiere y no se abstiene.