
Sus ojos marchitados, grises con sed de ternura no revelan su identidad, toqué sus hechizantes manos sintiendo el alma perdida, una dulce voz al oído me susurraba ven conoce mi producto de vida, muerte y esperanza, el sol lo arrebató de mis brazos, robando de mis labios el amanecer. Al suave parpadeo la visión se vuelve una sola, un solo ser, el ahogo desde dentro con las lágrimas renovando, renovado, un fuerte deseo. Hay una puerta entreabierta y una luz parpadeante, al desfilar desde mi mente a mi alma no solo se distingue tras una capa de niebla una gran espada enfundada, sino que contemplo y admiro con gran privilegio los sonidos del silencio.














