martes, 15 de diciembre de 2009

Licor de fresas

Abrió los ojos, supo entonces que se había quedado dormida, los rayos de sol que entraban por la ventana eran algo difusos en su rostro pudo entonces apreciarse un gesto de rabia había perdido la tarde durmiendo y eso no la gustaba. Muy a pesar de conocer la magia y los sortilegios, no rechazó lo quiromántico, pero los silencios azules, la atmósfera oscura y los contornos purpúreos , son como el que teje un prado abierto en el cielo y en su mente. Empezaba la hora de los brujas y las hechiceras, el momento ideal para la congelación de los relojes una mujer loca de locas aventuras abre y cierra sus alas como majestuosa cigüeña, se mueve y arrasa dejando sobre la arena huellas de su impronta, y también un poco de ella misma. Se dio cuenta que el sueño la había agotado. Había estado sin lastimar a nadie, no mostró sus dientes, pero si su boca y un beso y un amago de sonrisa, envuelta en lágrimas, abrió los brazos y miró como fluía entre sus brazos un desgarrado corazón, no se puede vivir con licor de fresas en las venas.