Entre el ayer, el vivir y el hoy un sin fin de centímetros de discordia, de esperanzas rotas, de sufrimientos inagotables, un dilatado y enajenado tiempo, que hace por abarcar todo lo que está a su alrededor. Un sonido glamuroso con aleteos que en ocasiones anulan el devenir de los reencuentros, todo distante y cercano a la vez, como vela encendida que se retrae en su interior, suspirante, insinuante, la ilusión jalea. pero no aplaude la entrada y la salida. Ausente en los contornos, transpira en el lienzo despavorida, tratando de colarse entre sus hebras de estrella. En su placer sutilmente languidece, y vuelve a aparecer un sollozo que me atrae con lazos que impiden mi ausencia y me arranca del recuerdo tatuando en el corazón: " en la tierra del olvido no hay quien se salve".El ser humano que sabe soñar despierto, crea sus propios sueños en el mundo...y los vivirá tarde o temprano.
sábado, 30 de abril de 2011
El devenir de los reencuentros
Entre el ayer, el vivir y el hoy un sin fin de centímetros de discordia, de esperanzas rotas, de sufrimientos inagotables, un dilatado y enajenado tiempo, que hace por abarcar todo lo que está a su alrededor. Un sonido glamuroso con aleteos que en ocasiones anulan el devenir de los reencuentros, todo distante y cercano a la vez, como vela encendida que se retrae en su interior, suspirante, insinuante, la ilusión jalea. pero no aplaude la entrada y la salida. Ausente en los contornos, transpira en el lienzo despavorida, tratando de colarse entre sus hebras de estrella. En su placer sutilmente languidece, y vuelve a aparecer un sollozo que me atrae con lazos que impiden mi ausencia y me arranca del recuerdo tatuando en el corazón: " en la tierra del olvido no hay quien se salve".