sábado, 4 de junio de 2011

Eternidad de elucubraciones.

Deslizarse suavemente, escurrirse entre las rendijas con cierta picardía y llevar los pies descalzos dejandose acariciar, por una arena fina, blanca e irresistible. En el horizonte un azul plomizo de paleta que amenaza lluvia. Y la brisa del mar recorriendo uno a uno los entresijos de un cuerpo contenido, e irresistible. Podría galopar en un unicornio blanco, con los soles colgados de su belleza, escalando las cumbres de la pasión, amainando los fuegos intensos, para reavivar los ácidos sulfurosos. En esta eternidad de elucubraciones el tiempo y el espacio no son nada, para quien desea que sus dilemas estallen como el Vesubio, habitando para siempre en el refugio de espejismos lujuriosos. Lindantes al preludio, regresan las ilusiones posándose en el mundo donde nos extasiamos sucumbiendo al influjo de intimas pasiones. Nostalgia en dirección de la memoria que emerge de sueños fluidos.