jueves, 9 de junio de 2011

Siempre entre la luz y el desvarío

Emergió, como la espuma de la ola que en su avance hacia la playa, permanece en la cresta, llegó de repente, como llegan las noticias que uno no quiere tener, despacio, sigilosa y en silencio, de la misma forma que se fue. La hecatombe y la soledad se anclan a nuestras vidas como el tiempo en un reloj de arena. Insignificante y callada, con voz de renuncia y entre lágrimas y silencio, la luz huyó a iluminar otra noche, la historia cansada crujía por que a cada segundo se da un eclipse, así se juega tomando el corazón con las manos y sacándolo del pecho, el destino en ocasiones juega malas pasadas y hace perder el equilibrio. La temible soledad me alcanza de nuevo, la sangre que enrojece mi cuerpo vuelve a tentar debilidades, se cae tantas veces que las fuerzas internas se contraen como paredes. Siempre entre la luz y el desvarío, donde se absorbe el vacío incierto, y queda acentuado el silencio, bajo una noche de misterio.