
Como quien no se extraña que existan rocas y montañas , si yo pudiera morder la tierra y sentirle el sabor, recordar que el día muere y que el poniente es bello y tras el la bella noche se queda, si hay que ser natural para que te llegue la felicidad, no te pese si sienten que te aman, no es mejor la espada en brazos flojos sino en manos viriles, tu vuelve en cuerpo y alma serena como el paisaje al llegar el crepúsculo, y aquí me rindo y que la eternidad de la noche me lleve en sus brazos y que me abandone en el trono de cansancios y ensueños, ilusionándome a otra vida que en mi vive. No finjo ni miento, escribo. ¿sentir? ¡ que sienta quien lo lee !.