domingo, 29 de enero de 2012

Un horizonte que puede ser vida

Entre un horizonte que puede ser vida, y la yuxtaposición de los sentidos, en el deslizar de la piel como arena fina, viaja la imaginación a una velocidad probable de vértigo. Las enseñanzas que en otro tiempo pudieron rozar la irrealidad excitando los cuerpos que se fundían por ebullición en una sola figura, jadeantes, sudorosos, emanando los mejores fluidos que al desnudo, se elevan como el hidrógeno en las capas altas. La pasión, el deseo, desata el fuego, poco a poco la quemazón recorre el sistema nervioso, llegando como por coacción al clímax, llegado el momento se para todo por un instante y de repente el sonido atropellado de un corazón latiendo a toda prisa, la aceleración de la sangre a cascadas por un organismo que se recoge y se abre al unisono a la llegada del estallido de placer, alteración rotunda y al poco el corazón y la sangre vuelven al remanso de un horizonte que puede ser vida