miércoles, 10 de febrero de 2010

Suspensión de deseo

Abrirse, a un amanecer otoñal. Franquearse, a un sublime pensamiento que vuela sin descanso. Sincerarse, con los sueños impacientes adornados de lágrimas. Estallar, a una inmensa esperanza fugaz. Expansionarse, a unos labios sellados sin besos. Reventar, a la ternura timbrada en la luz del rostro . Sacar, el corazón loco sin razón ni solución. Destapar, un cálido abrazo al resplandor de la luna. Resquebrajar, llenando de vida y de pasiones con un sugerente roce de manos. Esplayarse, al botar de las ganas y los silencios, en la inconsciencia de un cuerpo, que suave y lento se desvanece. Confiarse, a la impaciencia que se despliega por todo el ser, hasta el limite de la locura impresionada y muda de gozo. Florecer, a la alquimia que recorre los extremos de tempestades rebeldes al alba que respira en suspensión de deseo.